lunes, octubre 24, 2005

La negrita

A la negrita me la encontré en el 95 cuando los campos aledaños a la CFE eran de pasto, plantas silvestres y sembradíos. Mis hermanos y yo, a veces mis papás y mis primos, íbamos a jugar o simplemente a andar en las bicicletas.
Mi papá y yo decidimos bajar de peso, así que íbamos y platicábamos mientras hacíamos caminata. Don César me hablaba de capitalismo, globalización y relaciones humanas a mis 10 años y creo que le entendía casi todo.
Un día vi a lo lejos una mancha negra que se movía, parecía una bolsa de basura, pero era un cachorrito como de 1 mes de nacido, lleno de piojos y pulgas, hambriento y llorando porque sus hermanos color canela no se movían, yacían en la terracería atropellados.
Yo acababa de sufrir mucho por otra mascota, el Pakito, un minitoy de no recuerdo que raza que murió en trágicas condiciones, así que me quise hacer la fría y dejar al cachorrito ahí, pero mi papá me dijo que lo recogiera, sino lo iban a atropellar como a los otros... yo dije en voz alta: "Se salvó por su color". La criatura tenía hambre, cansancio y cuando la dejaba caminar detrás de mí se tropezaba de debilidad, así que la cargué durante varios kilómetros hasta llegar a la casa. Mi mamá, con el corazón roto también, no pudo decirle que no y le dio alimento, el cual ni siquiera masticó.
La negrita era una perra fiel y cuidaba la casa con estilo. Era un animal sumamente inteligente y enamorado: tuvo una pareja con la cual procreó cachorritos a pesar de dos cercos que les dividían. Eso era amor: poemas a distancia las 12 de la noche y sin estar en celo.
Mucha gente me ha dicho: "Qué perra tan fea". Pero yo miro su foto y la sigo viendo tan bonita como siempre.
La causa de su desaparición tiene varias versiones: una es que mi padre dejó la puerta abierta y la atropellaron y su cuerpo se lo llevaron los de la basura, otra es que se la robaron pues alguien que quería cuidar un taller mecánico le echó el ojo días antes, otra es que se perdió (pero es lo menos probable), otra es que mientras un circo estuvo en Mexicali, la gente vendía gatos y perros a esta empresa circense a cambio de un dólar cada uno. Lo que más duele es eso: que no supe que te pasó y por mi mente atravesó la posibilidad de que te hubieras olvidado de mí, pero se que tu moriste preocupada por mí, no se porqué pero lo se.
Onelio Jorge Cardoso escribió casi casi, la biografía de mi mascota, una novelita para niños muy recomendable para todas las edades, llamada "Negrita" la cual por más veces que la leo de principio a fin, me hace sufrir tanto como "Remi, el hijo de nadie" y "La ranita Demetán"
El único sueño recurrente que he tenido es con ella: podemos platicar pero su visita es fugaz. Es un sueño muy vívido. Yo le he dicho "¿Por qué te fuiste? y me contesta: "No me fui, tu regresaste".

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