sábado, marzo 18, 2006

Algo amargo

Esperaba el día en que -como en las películas- me topara con una bola de imbéciles a los que les tenía un rencor inmenso, y decirles sus verdades. Pinche gente.
Decirle: "Tú me ocasionaste un dolor inmenso ¿Estás contento?" o "¿Por qué hiciste eso si ni ne conocías, perra enviada del mal". Todos se darían cuenta que he superado mi dolor, por las groserías tan propias, diplomáticas y ridículas que diría. Así puedo ser. Pero no siempre. Me choca topármelos en la calle, en cualquier lado. Hablo de personas que basan sus amistades en conveniencia, sus noviazgos en celos y solo sonríen para las fotos. Hablo de gente que en su tiempo, hace ya muchos años, me trató muy mal y a la que por más que me digan misa, me repatean sus caras.
. . .
Después de una fiesta:
J.L.- Es que eres muy tolerante.
L- Debería poner una raya de vez en cuando.
J.L.- Sí, neta que sí, te guardas muchas cosas.
L- ... cierto

1 comentarios:

José Pómez dijo...

Lo más bonito que un gato es sin ninguna duda una gata.