lunes, mayo 08, 2006

Poema sacado de un collar de escupitajos y risas

¿A qué horas ocurre, que tu naces cada mañana pensando lo mismo?
Yo sólo te digo diez o veinte cosas: aunque engordara y me saliera una panza ballenezca de ahora en adelante sería lo mismo: me quedaría triste -más triste- que cuando empezó todo. O quién puede saber.
No tienes ojos y cara de gomita, no tienes chiclocentro, no eres chocolate confitado. Podrías girar unos grados y serlo, no te decides. La misma ironía en la que tu estás cansado de nada y yo estoy entusiasta por hacer todo.
Te levantas para irte a dormir. Y eso no es normal en mi selva.
Creo que quererte me ha cobijado mucho tiempo, como un santo, como una luz que nadie entiende y que yo se que agarré en el aire.
Dame un poquito de tu acidez, amargo equipaje que no sacas al sol; aquél café te escupe cuando lo pruebas. En el banco de tu risa he depositado mil veces, un millón de veces.
Y me han estafado.

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