miércoles, julio 19, 2006

De como él me arrimó una piedrita y yo se la regresé

Estábamos avergonzados por el "qué dirán"
Me dijiste en un momento inadecuado "Me gustas", me diste un beso y poco después me pediste perdón por el atrevimiento. Recordé que ese tipo de besos son como bombas de tiempo si el que las deja domina el arte.
Me daba pena mirarte a los ojos, aunque te sentí más cercano, como amigo, desde aquella vez. (Antes de eso, me llamabas fresa y me tirabas al loco frente a los demás).
Nos empezamos a separar de todos, como extraños. Ciertamente, ya éramos extraños.
Ni hablar de lo que sufrimos: fue un enamoramiento directo, natural, acompañado de cosas por resolver. Ibamos los dos corriendo de la mano, con los ojos vendados, tanteando el camino.
Me dí cuenta que no conocía lo más escondido: tu sonrisa involuntaria y el enamoramiento en el que te envuelves, como cuando dijiste "Me estoy enamorando" (diciéndolo como alguien que mientras cae, ya ve en el suelo las rosas).
Estuvimos juntando en un bote, una moneda por cada grosería que dijiéramos en un tiempo definido y no pudiste pagar, porque era demasiado.
Yo creí que no te acordabas. Aquellas veces escuché poemas de Benedetti en tu voz y nos contamos la vida durante tres días, mañana y noche. No hizo falta más.

5 comentarios:

El Ariel dijo...

aaaaaaayyy, oesia en voz del amor....ke rico ;)

marisol dijo...

ESto me encantó :)

Lily dijo...

Gracias!!!

TheHero dijo...

Muy chilo el post :D

tessa * dijo...

:) que bonita es la correspondencia... sean felices !!