jueves, julio 27, 2006

Me doy cuenta que me hace falta saber más acerca de bebés

Siempre que me pasan uno recién nacido o pequeñísimo, recibo regaños: "Así no se agarraaaannn, préstamelo".

Son delicados, de piel delgada, dependen de sus papás, comen papilla y los rodean mil misterios (sacarles el eructo, que se les cayó la mollera, o que toman manzanilla en caso de estreñimiento).
Algunos estan bizcos. Otros se te quedan viendo y puedes apreciar como te van archivando en su registro para reconocerte, e ir construyendo un paradigma en su mente: "Eso era una cara".

Todos los bebés huelen parecido; a una mezcla con talco, aceite, toallitas húmedas, gerber, leche seca o semidigerida y sudoración leve. (Ya había hablado de mi olfato en otra ocasión). El caso es que las personas que los cuidan, ya sean sus padres o abuelos, empiezan a oler muy parecido. Me asusta que algunos perfumen a sus nenes, eso no se vale. Aplicar D&G a una persona que está absorviendo el mundo a través de sus sentidos, es truncarle el olfato y marearlo.

De mis recuerdos como bebé, tengo muchos (en otro momento hablaré de mi memoria de elefante); como la vez que mi papá se rasuró la barba y ya no lo reconocí, de cuando tuve varisela y me rasqué, de mi precocidad al aprender a comer todo y a ir al baño.

¿Qué cara tendrá un bebé mío? ¿A qué va a oler?


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