jueves, mayo 31, 2007




Es solo que me pongo triste, me miro de lejos y me voy al fondo. No llego a ningun lado.
Es estúpidamente inútil que te digan que eres mucho. Tu lo sabes bien.
Vale más que uno haga un lloriqueo ahi por el panteón, que llore con sus perros y sus peluches.

Que escriba cositas como esta y te salgan lagrimitas hasta que te duela la cabeza, te quedes dormido y amanezcas con los ojos hinchados. Que se te haga tarde en tu jornada, por ponerte pepino y papa, por el asco de comer así tristeando. Decir en el trabajo que estás bien, pero que te desvelaste.

Ah, porque tratar de comer cuando uno está realmente jodido es poco útil (hablo de la gente normal que come bien). Me acuerdo que me ofrecían un exquisito plato de enchiladas, con queso cotija, aguacate y un vaso de agua de piña. El asco era omnidireccional, era asco, asco en serio, desagrado por todo, por el sol, por todo.

Confieso que hoy, ya no se si tengo la valentía de enfrentarme al desenamoramiento, a más decepción o a que un amigo(a) se enoje conmigo porque soy Géminis y pendejada con un cuarto.

Creo que me quedaría en el limbo, así, sin aceptar la realidad. Creyendo que algún día vas a ir a buscarme aunque viva más lejos.

Me da verguenza, pero ahorita nada, decir, que dedico un tiempo considerable a creer que te vas a dar cuenta, que vas a abrir los ojos y nacerás. Dedico otro considerable tiempo en pensar que estoy sola, que valgo mucho y merezco respeto... ahh y mucho ojo.

Soy un ser sin igual, que te manda mensajes aunque no los contestes. Pero alguien racional y con alto IQ en inteligencia emocional, te diría que el amor viene de aqui para allá, que el que yo esté así no es tu culpa y que el tiempo cura esto, que los peces en el mar me la pelan.

Extraño a mi abuelo Raúl. Extraño que me diga "Ay hija de la tingada como te quiero", con ese cariño que yo luego emulo en todos los que quiero.

Mi abuelito Raúl estuvo al tanto de las etapas de mi vida, y me decía, ya casi al final, que sabía que no conocería a mis hijos.

La memoria es cabrona, y no recordaba cuanto me arrepentí de no haberle dicho que pronto tendría hijos, que no dijiera eso y que el era fuerte. Le dije, como solíamos hablar en broma. "Ay abuelo, yo creo que yo no estoy hecha para eso".

Lo extraño, perramente, con desesperación. Y tengo muchas ganas de platicar con él.












1 comentarios:

Carlos Nuniez dijo...

la iglesia catolica dice que ya no existe el limbo... y yo te digo que es tiempo de morderse un huevo... todos flotamos, y eso lo dijo un payaso.