domingo, febrero 24, 2008

Haz la señal mágica de los cholos y te sentirás más fuerte

Quiero salir corriendo. Estoy llena de temores, como una botella de deseos que no se cumplen y que les queda una gota de vino con cáscaras.

No me gusta desayunar en penumbras, sola. Las fresas del cereal son lo más triste cuando ni los perros quieren pelarme un ojo. Prender el carro, es la despedida más corta y triste que hay, además es diaria.

De acuerdo a los hechos, te voy a poner un altar, por todo lo que me destinas a hacer. No es posible, que te llames a ti mismo como un ser estático. Podría discutir con el texto como contigo, por muchos años -llevo 3- y decirte cómo es el amor en la avenida Pómez. Quién rifa y controla, mata y entierra. Pero te preocupa demasiado llegar a la vejez, como si no estuvieras ya más grande que feto.

La espalda mía, en este momento podría llamarse espada. Como si hubiera ido al campo a pizcar algodón o cargara gemelos.

La quejasión y mariconación, quiero un masaje no érotico.

Y apenas es domingo. Arriba del barco, una parte de mi está confiada porque sabe nadar, y la otra tiene pesadillas por la noche. Es una dualidad que no deja ser a una parte ni a la otra.

Para curarme de esta alergia, necesito sumergirme en el factor alérgico (La enfermedad como cura).

Y para que se despeje mi mente, voy a un retiro, pero un retiro del banco en efectivo.

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