martes, marzo 18, 2008

La cocina es amor y arte

Cocinar es un acto de fé y buena vibra. Es un arte que exige eso; a diferencia de la pintura, la literatura y otros, que pueden estar llenos de sentimientos negativos y ser fabulosos.

Cuando yo hago pedacitos las verduras, cuezo el pollo, sazono; se que esas cosas están muriendo por mí. En la cadena alimenticia hemos metido industria, una pausa para que nos sea más placentero.

Todo termina siendo un acto cauteloso y ágil, lleno de sincronización indecible.

Regalar o explicar una receta, es como dar un consejo sobre sexo. Simplemente porque la comida es como el sexo: exige tacto, experimentación, bondad y energía. ¿Sabían que si pudiéramos saciar el hambre en unos segundos, la sensación de placer sería chucu-chú como el orgasmo?

Yo no puedo cocinar para gente que no quiero.

Las personas deberían comprender que rechazar o maldecir una comida es una grosería terrible (Exceptuando el rechazo de cuando llegas a un hogar por un minuto y quieren forzarte a comer).

Los niños, niñas, señores, y mucha gente que conozco se atreven a decir: "Esto te quedó horrible". Olvidando que lo que tienen en la mesa es una ofrenda, y no un trabajo en equipo en el que pudieran decir: "No nos quedó bien".

Soy anticuada, y muy a pesar de lo que he vivido (desayunado, comido y cenado sola) pienso que la comida debe ser un ritual, que aunque no pueda llevarse a cabo todos los días en conjunto, cuando suceda debe merecer un gran honor.

Eviten eructos, masticar con la boca abierta; haciendo ruido de mastodonte, pláticas absurdas sobre gente mala y excremento. Agradezcan. Bien si piensan que diosito les puso los alimentos como bendición, tanto como su madre o la persona que se digna de esa labor- arte. Agradezcan a ustedes mismos si comen solos, tomen un tiempo aunque en la oficina les den una hora y su comida anda en tupperware o en moto.

No se vayan con la viada de la comida rápida: mastiquen, saboreen, huelan. No sean eyaculadores precoces de la cocina.

1 comentarios:

dulce dijo...

no me gusta cocinar, dije una vez.
ah! pues no te ha de gustar comer, me contestaron.