domingo, enero 11, 2009

Al pito, pito, y a la pepa, pepa

Mi madre aún no lo entiende. Le apena decirme con sinceridad cuando la comida me ha quedado mal, pero la tira a mis espaldas. No entiende mi brusquedad aún. Que me molestan las cosas indirectas, y cosas que aparentan ser sutiles pero son peores.

Yo soy muy de decir a boca suelta. Eso a mucha gente no le gusta. Así que tampoco me aviento con todo; es todo un arte, que dura toda la vida puliéndose:

Mamá- No crees, como que se podría lavar ropa hoy.
Yo- ajá
Mamá- Pienso, no sé, como que sería buena idea.
Yo- ajá
Mamá- Hay mucha ropa, de colores parecidos...
Yo-ajá... ¿Estás diciendo que lave?
Mamá- No, no, nomás digo.

Una hora después

Mamá- Oye, ya me voy, dejé una carga en la lavadora casi lista, sólo falta apretar un botón: pero antes de eso, necesito que selecciones sólo la ropa oscura, mía y de tu papá que no dejen bolitas, revisa que no tenga la cartera, servilletas o dinero, ponla ahí, con jabón, agua, y luego suavizante... después, las tiendes y vigilas que no haga viento con tierra, y si hace la recoges...
Yo- PLOP!


Siempre le he recomendado ser más hedonista y directa, después yo hago un viaje mental largo. Los hijos se convierten en padres, y luego los padres de viejitos se convierten en niños muy sabios que saben lo que quieren y por eso no podemos ya cambiarlos. Estamos destinados a ser hijos que obedecen -embarazados no planeados o tal vez inexpertos- y ya más grandes a darle consejos a padres-hijos con criterio fijo.

Mi papá hace cosas como las de mamá, y por eso no pueden comunicarse a veces:

Papá- ¿No huele como que a sandwich?
Yo- No
Papá- Sí, sí huele
Yo- Ah ok, no se.
Papá- Ahí hay pan, de ese que trajo tu mamá.
Yo- Ajá
Papá- BUENO PUES ¿De qué forma te digo que quiero que me hagas un sandwich?
Yo- Así: "¿Me haces un sandwich por favor"
Papá- Ah que la ch...$%#

Entiendo perfectamente que mi mamá quiere que me ofrezca a lavar ropa y mi papá a que le haga un sandwich. Pero no les sigo el juego, no funciono así. Esas parecen cosas al estilo spot de Lucerito sobre la crisis. Y hablo de quienes conozco, sin maltripeos.

Pero hablar de los de afuera implica otro texto con unas diez anécdotas callejeras. Vendedores de seguros, compañeros de trabajo o de estudio, etc. que se la viven hablando entre confusiones, creyendo que son diplomáticos. La diplomacía es lo que menos tienen.

Así como hay personas que adornan al hablar, piensan que los demás lo hacen y pensarán que estas palabrillas aquí expuestas tienen un trasfondo y que aventé la puerta de mi casa, bla bla. No, sólo existen, son así, y punto. Hay cosas que son, y no hay tanto circo de pulgas de que hablar.

Tal vez nunca entienda cuando un consorte inventa un dolor de cabeza en lugar de decir no tengo ganas o estoy cansado(a).

¿Va la gente por la vida, tratándose con pinzas que el mundo se convierte en un eufemismo gigantesco que nadie entiende y cree entender?

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