miércoles, diciembre 30, 2009

Marian

Nos encontramos a tiempo. Es un espejo de piel. Le he dicho que conozco el mundo a través del olfato y que ella no es la excepción. Huele a un bouquet de melón, sándalo y vainilla. Si aspiro profundo percibo uvas y miel. Después me apropio con el tacto. Su piel no es de seda, es oro puro. Enmudezco.

Desaparezco de la ciudad. Hay más de dos manos sobre mi. El cuerpo de Marian invoca una danza de mi boca a sus párpados, de mi labio a su barbilla, de mis dientes a su cuello. Todo ha girado. Mis pies no alcanzan ya el suelo. Mis zapatillas, en el momento en que ella respira sobre mi cara, las imagino como las de Dorothy.

Por la costumbre de lo que he vivido, me cuesta un poquito evitar que mi alma parpadee entre niña y adulta; gritándome al oído "No tengo clase, ni edad, ni género, ni raza, ni siquiera te pertenezco, víveme".

Mi dedo señala un camino en su espalda, un atajo a su cintura. De su cabello se liberan millones de aromas; yo me he hipnotizado. Automáticamente pierdo mi voluntad, y me gusta. El secreto del poder, es saborear la propia vulnerabilidad. Mañana tal vez muera.

-Eres hermosa...

No hay declaración más sincera. Yo, Marieta, le he dicho a mil hombres que son hermosos. Nunca sentí cosquillas en la lengua al decírselos. Hoy con Marian, sí. Lo sabe, los que se lo han dicho han tenido más que burbujas en la boca. Erecciones, semen. Estas dos cosas nunca pueden entrar solas a un poema porque intensifican la mirada de las palabras. Un pene es una fruta. Porque la penetración es dulce y transgresora. La vulva, la vagina, un clítoris, son misterios.

Agita la cabeza sobre mi pecho. Es un carro tirado por lobos. Su boca pequeña algo busca en mis orejas. Su dedo algo escribe en mi boca. Aunque lo que comparte conmigo hasta ahora, es su energía. Pudimos nunca tocarnos y la satisfacción sería idéntica.

Se ríe:

-Bonita, me cuesta romper el hielo contigo.
-Porque no lo hay. Sueño con tu rostro y no estoy enamorada ¿Sueñas conmigo?

Ríe de nuevo. Las noches son cortas. Mañana me resigno a mi incapacidad de ser promiscua o terminaré con el corazón hecho trapos. Pero hoy, me duermo con el cabello enredado en sus piernas.



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