domingo, enero 10, 2010

Dentro de la falda

No era de esos hombres cursis. Tampoco cuadrado. Os cuento. Todo fue abierto y directo. Jamás hubo eufemismos, ni insinuaciones, pero tampoco crudeza o falta de estilo. Quedamos de vernos en el café. Me gustó que platicáramos como si no supiéramos lo que seguía. Se burla de mi porque no tomo.

-Eres demasiado pura.
-Olvidas el chocolate.
-Es afrodisiaco, ¿sabías?

Probamos. Su departamento. Tiene el típico sillón rojo y la menor cantidad de muebles y cosas porque desordena rápidamente.

-Si gustas quitarte los zapatos y subir los pies, con confianza. Y te concedo el honor de elegir la película.

Me muestra una colección increíble. Para su sorpresa las he visto todas. Adivino su favorita y la vemos. Reímos de nuevo como si no supiéramos lo que sigue. Vienen los créditos. Viene la piel y el calor. Si algo he de elogiarle de rodillas, es la capacidad que tiene de hacerme sentir que existo en su cuerpo, adentro. Aparecemos en el piso, me quema la alfombra. Aparecemos en su cama. Adivino: algodón egipcio.

Se tomó el tiempo necesario para repasar mi cuerpo como un mapamundi. Con escala en cada capital. Me hubiera gustado conocerle a los 16 años. Es un maestro de la paciencia y el hedonismo. Hasta ahora por mi vida, pasaron hombres con prisa por vivir. El reloj es ahora un ente olvidado. 

Afuera, fuegos artificiales. Los ignoramos. Afuera, tocan la puerta ¿Qué es una puerta? Se reinventan mis labios y mis uñas tienen por fin un uso. Es un buen guerrero. Me invita a dominarlo; con gusto accedo. Toma mis brazos y hace una combinación explosiva con los dientes y boca dentro de mis palmas. Que te lean la mano así todos los días y verás que buen presente y futuro.

Con brillo en los ojos, con el pecho rojo. Mi cuello es un mar de piruetas. Danzamos. Tiene las llaves de la ciudad siendo turista. Sudor. Él huele a otros lugares. Es un árbol, un volcán. Soy un río y  un tornado. De las manos, como siameses unidos por las tetillas, descansamos. Se levanta  y su desnudez a un lado del escritorio sueco me parece lo más natural que he visto. Regresa con una pluma fuente. Toma mi falda y veo que escribe en la parte interna de la tela. Garabatea. Lo miro con la confianza que da estar desnudos y relajados.

-Cuando la uses, mentaliza lo que dice ahí. Y jamás me iré de tu lado.

Desde entonces, el poema de un famoso que escribe secretamente, me acompaña. Hace poco, me dijo: "Si me lo permites, la próxima vez el papel en blanco seré yo". Tremenda zona erógena es el cerebro.

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