miércoles, enero 20, 2010

Dos ositos se apareaban

El olor a caramelo que emanaban sus respectivos sexos, reunió a todos los animales del bosque. Nunca antes el arcoiris hizo consciencia de su humedad. Era un espectáculo dulce y tierno, porque los animales no saben de morbo. Ninguna persona lo entendería.

Meses después, la multitud esperanzada hizo fila para presenciar el nacimiento. Las crías estaban rellenas de malvavisco y cubiertas de chocolate.

Los genes suelen engañar a la ciencia.

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