lunes, febrero 01, 2010

Anoche no dormí

Irónicamente, me siento desnudo cuando me quito la ropa frente a una mujer. Ella no, se suelta y se ve cómoda. Es gentil y dulce. Nunca creí que se fijara en mí. Aún dudo de lo real y lo imaginario. Tiemblo de nervios y de excitación.

-No hay prisa, acépta un masaje, soy buena en eso. Y lo que ocurra después qué importa.
-Está bien, es que no siempre me pasa eso.
- ¿Soy especial entonces? -Ríe-.

Claro que es especial, sólo que no puedo hablar, me siento un poco torpe. En cambio es firme, trata de relajarme con ternura y humor. Lo logra, no lo ha notado; cierro mis ojos. Ante mis miedos, toma la cobija y nos tapa de pies a cabeza a ambos. Se recuesta para besarme el cuello y las orejas. Quedamos muy juntos, como si la cama fuera pequeña. En voz bajita, rompe el silencio:

-Platícame un secreto, anda.
- ... mmm, que me gustas desde antes de saber tu nombre.

Le agrada mi confesión. Se enreda de una manera extraña entre mi espalda y piernas. Hace frío, yo sigo frío y ella genera un calor y un aroma a moras que me está enloqueciendo. Me gusta cómo se ríen sus ojos cuando me habla, es como si la amara desde siempre y nuestros cuerpos hubieran nacido juntos de la tierra y del árbol del deseo.

Un efecto interesante hace la luz que la cobija púrpura deja entrar a nuestro espacio, como una pantalla. La beso, el tiempo se estira y se encoje. La beso, como si no existieran otros labios, me entrego y se entrega. Restriega su cara sobre la mía, y baja hacia mis tetillas y abdomen. Y como una palanca, toma mis hombros con sus manos. Somos dos caracoles, dos sauces, una persona con dos voces. Se entreteje y domina. ¿Como llamará el Kamasutra esto? ¿La bola de estambre? No sé cuáles son mis brazos y piernas. No sé de quién es el orgasmo. 

No sabía lo placentero que eran unas uñas arañando mi espalda (el contexto señores, lo cambia todo). Porque ella lleva un morete en la quijada, y no la ha atacado ninguna abeja. Irrumpe de nuevo, con una voz cansada y sigilosa:

-...Tú también me gustas desde antes, incluso de haber escuchado tu voz.

Creí haber soñado, pero ella estaba frente a mí, dormida y sonriente. Tantos días, tantos años, viéndola en la escuela, viéndola en fiestas, a lo lejos. Y está ahora aquí, conmigo.

1 comentarios:

a! dijo...

suele pasar...