martes, febrero 16, 2010

Vienes de la raíz del fuego

Quemas, armonizas,  todo se va y queda de ti un olor a tinta. Después, desde las enredaderas de otras personas que marcaron tu corazón con la punta de un cigarro, bajas. Dos autos te recorren los ojos, tienes vida.

No lo sabrás hasta que desde la boca lo digas. Dilo, canta. Esta vez, hazlo, esta vez, yo te propongo, amor: que tires todo a un río y nades. Arriesga, conóceme cuando tengo confianza, soy. Esto lo dirán en la calle cuando te vean llorar: "yo nunca lastimaría así tu corazón". Pero yo no te lo prometo. Yo te prometo herir tu pecho tan profundo, en una cirugía con anestesia local (endorfinas, cine y chocolate). Soy un circo y miento sobre esto: no podría hacerte daño. Me hago la salvaje para sembrarte fantasías.

Me han mentido otras veces y ya no sé si vale la pena. Por eso no nos diremos nada; volveremos al origen de las cosas, en donde mostraban y no explicaban. Que no te sorprenda mi gesto romántico: un día te hago una religión. Es que soy una cosa llena de submundos, de sorpresas. Y me gusta recordar el amor como un niño recuerda el carnaval escolar con sopa de coditos, pegamento y colorante. 

Dios: ¿Por qué en lugar de hacerme ocurrente no me hiciste ambiciosa?

P.D. En lugar de garras me diste palabras. En lugar de dinero me diste palabras. En lugar de libertad me diste palabras. Por eso las uso. Y lágrimas. 
P.D. 2. Lloremos hoy que no hay mensajes en la piel, y que hay alegría en otros sitios. 
P.D. 3. Reir.

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