domingo, febrero 28, 2010

Hoy nadie duerme entre mis brazos

A escondidas me hago cariños imaginarios. Como la gran ventaja de usar el estacionamiento color azul para los que carecen de alguna capacidad. Desde hace tiempo busco un hogar nuevo, y nada me parece porque no existe una casa redonda que me proteja de la tristeza semanal. No hay una casera que me rente un poquito de identidad o de parentesco. No hay casas con narcisos en la ventana de la cocineta. Tengo mis brazos firmes que apuntan hacia ningún lado como una brújula loca en el Triángulo de las Bermudas.

No me interesa en lo absoluto ver mi vida como una foto mal enfocada. Me importa un carajo.

domingo, febrero 21, 2010

06:17 antes del meridiano

Veía la etapa más oscura de la noche y al momento siguiente el amanecer. Cada vez que pasaba esto pensaba: "Sobreviví". Desde la cama entraba un rayito por la ventana. La casera tocaba la puerta de forma endemoniada. Con este signo reiniciaba el calvario. Trabajo monótono y compañías desleales. Los amigos más cercanos, en otra sintonía, en otra frecuencia. No entendían y no era su culpa. Las fiestas ofrecían alcohol y flirteos de lo más ordinarios. No le gustaban ninguna de las cosas anteriores. Le abrumaba cualquier tema. La ciudad era la misma en cualquier punto.

Pero siempre esperaba el amanecer, un rayito. Porque en esos minutos todo cobraba sentido.

viernes, febrero 19, 2010

No todos se conocen en un bar

Dos personas que aún no se querían se encontraron. Tuvieron suerte: misma ciudad, mismos muros, misma edad, mismo gusto por el cine. No se atrevieron la primera vez, así que el destino los juntó unas diez o quince veces más. Decidieron ir por un café pues fuerzas sobrenaturales los unían; los demás lo notaban.

A los tres años de salir decidieron juntar sus vidas, es decir, cambiar todos los zapatos de ambos a un mismo clóset. Del amor perfecto que tenían nació una flor gigantesca, el segundo retoño fue un hurón pequeño y el tercero; un gorrión que bailaba con la marimba.

Nunca aparecieron en la prensa amarilla.

miércoles, febrero 17, 2010

Chúpate esta mandarina:

Con todo y cáscara.

martes, febrero 16, 2010

Vienes de la raíz del fuego

Quemas, armonizas,  todo se va y queda de ti un olor a tinta. Después, desde las enredaderas de otras personas que marcaron tu corazón con la punta de un cigarro, bajas. Dos autos te recorren los ojos, tienes vida.

No lo sabrás hasta que desde la boca lo digas. Dilo, canta. Esta vez, hazlo, esta vez, yo te propongo, amor: que tires todo a un río y nades. Arriesga, conóceme cuando tengo confianza, soy. Esto lo dirán en la calle cuando te vean llorar: "yo nunca lastimaría así tu corazón". Pero yo no te lo prometo. Yo te prometo herir tu pecho tan profundo, en una cirugía con anestesia local (endorfinas, cine y chocolate). Soy un circo y miento sobre esto: no podría hacerte daño. Me hago la salvaje para sembrarte fantasías.

Me han mentido otras veces y ya no sé si vale la pena. Por eso no nos diremos nada; volveremos al origen de las cosas, en donde mostraban y no explicaban. Que no te sorprenda mi gesto romántico: un día te hago una religión. Es que soy una cosa llena de submundos, de sorpresas. Y me gusta recordar el amor como un niño recuerda el carnaval escolar con sopa de coditos, pegamento y colorante. 

Dios: ¿Por qué en lugar de hacerme ocurrente no me hiciste ambiciosa?

P.D. En lugar de garras me diste palabras. En lugar de dinero me diste palabras. En lugar de libertad me diste palabras. Por eso las uso. Y lágrimas. 
P.D. 2. Lloremos hoy que no hay mensajes en la piel, y que hay alegría en otros sitios. 
P.D. 3. Reir.

domingo, febrero 14, 2010

Y desaparecer...

viernes, febrero 12, 2010

Hablar de la pérdida con una canción linda

lunes, febrero 01, 2010

Anoche no dormí

Irónicamente, me siento desnudo cuando me quito la ropa frente a una mujer. Ella no, se suelta y se ve cómoda. Es gentil y dulce. Nunca creí que se fijara en mí. Aún dudo de lo real y lo imaginario. Tiemblo de nervios y de excitación.

-No hay prisa, acépta un masaje, soy buena en eso. Y lo que ocurra después qué importa.
-Está bien, es que no siempre me pasa eso.
- ¿Soy especial entonces? -Ríe-.

Claro que es especial, sólo que no puedo hablar, me siento un poco torpe. En cambio es firme, trata de relajarme con ternura y humor. Lo logra, no lo ha notado; cierro mis ojos. Ante mis miedos, toma la cobija y nos tapa de pies a cabeza a ambos. Se recuesta para besarme el cuello y las orejas. Quedamos muy juntos, como si la cama fuera pequeña. En voz bajita, rompe el silencio:

-Platícame un secreto, anda.
- ... mmm, que me gustas desde antes de saber tu nombre.

Le agrada mi confesión. Se enreda de una manera extraña entre mi espalda y piernas. Hace frío, yo sigo frío y ella genera un calor y un aroma a moras que me está enloqueciendo. Me gusta cómo se ríen sus ojos cuando me habla, es como si la amara desde siempre y nuestros cuerpos hubieran nacido juntos de la tierra y del árbol del deseo.

Un efecto interesante hace la luz que la cobija púrpura deja entrar a nuestro espacio, como una pantalla. La beso, el tiempo se estira y se encoje. La beso, como si no existieran otros labios, me entrego y se entrega. Restriega su cara sobre la mía, y baja hacia mis tetillas y abdomen. Y como una palanca, toma mis hombros con sus manos. Somos dos caracoles, dos sauces, una persona con dos voces. Se entreteje y domina. ¿Como llamará el Kamasutra esto? ¿La bola de estambre? No sé cuáles son mis brazos y piernas. No sé de quién es el orgasmo. 

No sabía lo placentero que eran unas uñas arañando mi espalda (el contexto señores, lo cambia todo). Porque ella lleva un morete en la quijada, y no la ha atacado ninguna abeja. Irrumpe de nuevo, con una voz cansada y sigilosa:

-...Tú también me gustas desde antes, incluso de haber escuchado tu voz.

Creí haber soñado, pero ella estaba frente a mí, dormida y sonriente. Tantos días, tantos años, viéndola en la escuela, viéndola en fiestas, a lo lejos. Y está ahora aquí, conmigo.