sábado, marzo 10, 2012

De "esa gente"

Odia a cualquier animal. Le tiene asco a cualquier rastro de polvo, plantas, insectos.

Necesita a su madre eternamente; sigue su consejo, busca a una mujer igual a ella. Odia lo femenino.

Nunca abraza.

Disfruta viendo como algunos caen, y disfruta decir que ha trepado.

Odia el cine y la música. Los consume para hablar  ante otros que sí los disfrutan. Y hablar lo mejor posible (en contra sobre todo).

Odia a su padre, pero le hace falta profundamente.

De "esa gente" que anda por ahí.

3 comentarios:

Muchacho Mostacho dijo...

Me parece que esta entrada me interpela, ¿o me equivoco? ¿No es acaso el sentido de esta escritura hermética ventilar los demonios con claves y contraseñas? ¿Confrontar a través de una escritura oscura la insensatez de un anónimo interpelado, mientras los lectores conjeturan de quién se trata? Me gusta pensar estas líneas como el descubrimiento de mi pathos. Cielos, me desnudaste. En todo caso, toda escritura es una proyección psicoanalítica. Voy a aclarar algunas cosas. Amo a los animales más que a los hombres o mujeres. Amo, sobre todo, a los perros. (Soy alérgico a los gatos: he aquí el meollo del asunto). El polvo me atrae, por algo soy historiador. Las plantas son deliciosas: a mayor concentración de THC, me refiero. Los insectos. Tuve varios proyectos de insectarios, precisamente con otras mujeres de signo geminis. En Jalisco, sobre todo en el verano, hay muchas mantis religiosas, en los parques y los patios. A tal grado las cuidaba, que conseguí que una pusiera un huevo (jamás implosionó, a fin de cuentas, necesitaba la vida salvaje). Creo que no soy el único varón que busca en la mujer a una madre. Pero entiendo que el punto de todo es ridiculizarme, hacerme ver como un sujeto pueril, inmaduro, un completo pendejo. No te equivocas. Sin embargo, hay una enorme caída en el cliché, en el lugar común de quienes me detestan: odio al género humano, sí, pero por igual. No distingo géneros. Las mujeres me decepcionan igual que los hombres, y viceversa. No conservo esperanzas en ninguno de los dos géneros. Tengo un pensamiento de misántropo y me enorgullezco. No comparto lo de que nunca abrazo a nadie. Al contrario. Siempre estoy abrazando a todo el mundo. Sobre todo cuando son sinceros y no hay dejos de hipocresía. O sea, yo no abrazo migrantes, jalisquillos, sonorenses, chinolas, canclinianos, y un largo etcétera. (Soy la conciencia del puro devenir nativo). Disfruto viendo cuando otros caen, claro, cuando son mediocres y no merecen estar en la academia, a falta de oficio e imaginación. No soy trepador, estar en la Universidad es mi derecho. Odio algunas películas que duran mucho tiempo. Me gustan las películas, discrepo de ese esnobismo carente de sentido común que concibe el cine como una totalidad. En todo caso, me considero un espectador patológico de la imagen en movimiento, como Zizek, filósofo que argumenta cómo la experiencia cinematográfica es la pantalla de todas las proyecciones psíquicas. No me interesa hablar para quedar bien con nadie. Y si te refieres a cine oriental, realmente disfruto de esos momentos asiáticos. El elogio de que hablo bien, lo agradezco. Y el carácter contrario atribuido, digamos que es una cuestión dialéctica. A pesar de todo, creo en Marx, todopoderoso. En conclusión: no detesto el cine, detesto a quienes se olvidan del texto por clavarse demasiado en la imagen; no detesto la música, me gusta sin pretensiones elitistas. Soy adicto a ella. Detesto, más bien, las películas que duran mucho porque me inquieto demasiado pronto. Me caga la solemnidad de los cinéfilos, pero admito que tengo los mismos cuidados con el texto escrito. Busco la precisión estilística en lo que leo, del mismo modo en que la gente disfruta en la pantalla de esas nimiedades relativas a campos visuales colmados de chistes personales, autocomplacientes. Para decirlo con los etnometodólogos: me caga la indixecalidad del cine. En realidad, las clases populares no comparten las minucias creativas de los creadores. A pesar de la premisa zizekiana, no creo que el cine sea la pantalla de todo. Cuando algo me parece un metalenguaje de sí mismo, paroxístico, me despiertan sospechas; me decepciona que todo en el cine sea una cuestión autorreferencial; el cine se celebra a sí mismo, qué egolatría, qué flojera. Quizás porque leí a Luhmann y soy escéptico de toda aparente autorreferencialidad que ignore el sistema social, por eso detesto cierto cine. (Y no tengo la envidia de los amantes del séptimo arte: para mi, Tarantino no es ningún pendejo). Tienes razón. No me gusta la música clásica, porque lo mío es el jazz.

Muchacho Mostacho dijo...

Al igual que Kant, creo que la música es incapaz de transmitir ideas, pero cuando escucho a Héctor Lavoe y Willie Colón me doy cuenta que el resentimiento ilustrado del filósofo de Koningsberg vale madre. No detesto el cine y la música, más bien soy incompatible con "esa gente" que sin practicar ninguna de estas bellas artes, capitaliza una carrera profesional a partir del consumo irreflexivo de estos productos, sin más miras gnoseológicas. Sobre lo de mi padre, muchas gracias. Me acabas de ahorrar otros tres años de psicoanálisis. La verdad es que cada día me importa menos. Es un gozo no tenerlo que soportar en el entorno doméstico. La verdad es que cada día me molesta menos oir sus pasos rengos. Todos odiamos al padre, y con esta sentencia podemos reducir a Lacan. Todos tenemos síntomas en torno a la ley. En mi caso, al menos el resentimiento no tiene una base tan directa... Y todavía tengo tantas cosas que responder.

Lily dijo...

Hola Muchacho Mostacho,

Esta entrada no se refiere a ti. He releído lo que escribí en un momento algo amargo, y ninguna de las etiquetas las pondría hacia tu persona. Lamento que creas eso.

Sin embargo, me gustaría que "Esa gente" que hoy detesto tuviera una pizca de reflexividad o por lo menos fueran levemente más duros consigo mismos.
Pero viniendo de alguien a quien admiro, siempre me resulta lastimero.

Mis amigos bonitos dicen que son feos, mis amigos talentosos dicen que son pendejos.

Y mis enemigos, se creen la gran cosa. Algo anda mal.